La F1 moderna se reinventa y lanza un producto más atractivo este año, más emocionante e impredecible


La temporada 2016 de Fórmula 1 nos ha dejado carreras no sólo mucho más espectaculares, sino también más difíciles de predecir. La prohibición de la radio y la introducción de tres compuestos en las carreras, ha hecho que esta hermosa categoría se haya vuelto más dinámica que en los últimos años.

'S'i, 'si', 'si'...

Ha sido un comentario popular en los últimos años que las siglas de la Fórmula 1 (F1), deletreadas al revés, forman 'IF' ('si' en inglés). Pero en esta temporada, esa naturaleza condicional se ha disparado mucho más de lo habitual.

¿Qué habría pasado 'si' Sebastian Vettel hubiera montado medios en lugar de superblandos tras la bandera roja de Australia?

¿Qué habría pasado 'si' el motor de Vettel no se hubiera roto en la vuelta de formación de Bahrein?

¿Qué habría pasado 'si' Valtteri Bottas no hubiera golpeado a Lewis Hamilton en la primera curva del Gran Premio de Bahrein?

¿Qué habría pasado 'si' Hamilton no hubiera tenido esos problemas de motor en la clasificación de China y Rusia?

¿Qué habría pasado 'si' Red Bull no hubiera decidido una estrategia de tres paradas para Ricciardo en el Gran Premio de España?

¿Qué habría pasado 'si' Red Bull no hubiera fallado en la parada en boxes de Ricciardo en Mónaco?

Un hecho común de todas las carreras de este año es que la victoria no la ha conseguido el hombre más rápido en el coche más rápido con la estrategia que los simuladores habían previsto que era la más rápida. El ganador en las carreras que llevamos hasta ahora se ha decidido por pura competición.

Los grandes premios han cobrado vida este año de una manera que no hemos visto durante muchas temporadas, y es algo de lo que debemos alegrarnos, aunque esté complicando la vida a los equipos.

No importa realmente si es que ya se ha alcanzado el orden competitivo gracias a la estabilidad de las reglas o si se debe a la mayor variedad de opciones que tienen ahora los equipos con los neumáticos: lo que importa es que tenemos espectáculo, y es algo que los aficionados tienen que celebrar.

Esa idea de una nueva era en la F1 surgió en una conversación con el jefe de Renault, Cyril Abiteboul, a principios de este año, cuando señaló que era casi imposible para él entender dónde estaba su equipo con respecto a otras escuderías.

"Es la nueva cara de la F1", dijo. "El tipo de F1 donde al final de la carrera tienes un orden jerárquico diferente al que se esperaba. Tenemos que aceptarlo".

Lo que tenemos ahora es una F1 donde las variables están en todos lados. Los equipos tienen que hacer malabares para comprender que haya un compuesto más durante el fin de semana cuando en realidad no hay tiempo suficiente para utilizarlos plenamente - lo que significa que a menudo no todo va como debe en la carrera del domingo.

Y lo que hace es que haya 'peligro', porque hay demasiadas variables como para que los equipos estén totalmente seguros de todas las decisiones.

Eso es lo que pasó, por ejemplo, cuando Vettel se enfrentó a Rosberg con estrategias muy diferentes de neumáticos en Australia; lo que llevó a Red Bull a elegir para Ricciardo la estrategia equivocada en Barcelona; y lo que en última instancia produjo el retraso del equipo del australiano en tener preparados sus neumáticos este pasado fin de semana.

Una de las características que pueden hacer buena una carrera es que hombres que se veían capaces de ganar sufran algunos incidentes durante el fin de semana que no les ayuden. Es lo que hace ver las carreras.

Con demasiada frecuencia en la historia reciente de la F1 hemos tenido carreras que se decidieron en última instancia, cuando un neumático arruinaba todo al equipo que tenía el mejor coche y la mejor estrategia para llevarse el triunfo.

Uno de los atractivos para ver la Indy 500 es el hecho de que no necesariamente gana el hombre más rápido con el coche más rápido: se gana por buena estrategia y además por un poco de suerte. Hay que rendir todo el día - y cuando eso ocurre suceden historias de cuento como el triunfo del novato Alexander Rossi el pasado fin de semana.

Por supuesto, las carreras no deben ser decididas completamente por la suerte, pero tampoco la victoria puede deberse únicamente a filas de ingenieros sentados delante de las pantallas de ordenador ofreciendo un aburrido espectáculo mediante el software de simulación de carreras.

Cuando Maurizio Arrivabene habló el domingo por la noche en Mónaco sobre que el título de Ferrari no está aún descartado, se refirió a la intriga en la batalla por el título.

"Este campeonato va a ser muy interesante", dijo. Y por supuesto que tiene razón.

¿Qué pasará 'si' Red Bull puede encontrar el rendimiento suficiente para desafiar con frecuencia a Mercedes? ¿Qué pasará 'si' Hamilton puede cerrar la brecha con Rosberg? ¿Qué pasará 'si' Ferrari puede solucionar sus problemas con los neumáticos y lograr algunas victorias?

Y ahí lo tenemos de nuevo. 'Sí, 'si', 'si'.

Eso es exactamente lo que debería ser la F1, y este es el por qué de la posibilidad de tener una temporada épica al alcance de la mano.