Mika Hakkinen, siempre a tope - Palabras reflexiblas de una leyenda de la F1

Siempre que se alcanza el éxito en una disciplina realmente competitiva la gente tiende a pensar que hay algún secreto detrás, algo como una receta mágica que se puede seguir una y otra vez. A lo largo de los años me han preguntado muchas veces el motivo de que Finlandia produzca tan buenos pilotos, como si hubiera una predisposición genética hacia la velocidad o algún tipo de factor referente al clima, la geografía o, por qué no, el agua.

De hecho, una vez recuerdo que un periodista me dijo que Finlandia había generado más campeones del mundo por cápita que ningún otro país del mundo. ¿Y quién soy yo para negar las estadísticas?

Quizás todo se deba a que empezamos antes que nadie. Ciertamente, mi incorporación a la competición se produjo antes de lo habitual, bastante antes incluso de que llegara a los pedales. La primera vez que conduje un coche tenía solo dos años. Prácticamente todas las familias en Finlandia tienen una casa de verano para pasar los fines de semana fuera de la ciudad, y la nuestra tenía incluso un camino privado que le daba acceso. Íbamos en el coche cuando mi padre me dijo que me sentara en su regazo y me pasó el volante.

Ese fue mi primer contacto con la conducción. Me encantó. Fue la chispa que prendió el resto.

Comencé a competir en karts con nueve años de edad. Al principio era simplemente contra mis amigos; la verdad es que tengo unos recuerdos increíbles de aquellos tiempos. También recuerdo cómo comencé a aprender los principios básicos de la competición, lecciones que siguieron vigentes durante toda mi carrera: tener seguridad, dar espacio al otro piloto cuando adelantas, o cuando te adelanten, y no maltratar las ruedas.

Pero es algo que cualquier niño con nueve años aprende rápido en los karts, ¿verdad? No es algo que se limite a Finlandia.

Nuestro país no tiene mucha densidad de población pero sí es bastante grande y bastante remoto... de hecho, una gran parte de su superficie está dentro del círculo ártico. Muchos de nosotros crecemos disfrutando del aire libre y los deportes de invierno. Eso nos hace fuertes, tenaces y seguros de nosotros mismos; a veces también nos vuelve algo locos porque de algún modo hay que divertirse en esos oscuros meses de invierno, ¿verdad? Todos esos elementos forman parte de esa denominada "calidad finesa" denominada sisu . Es una palabra difícil de traducir pero, en definitiva, se refiere a nuestra actitud decidida y nuestro deseo de disfrutar la vida a pesar de las condiciones adversas.

Cuando creces en Finlandia forzosamente tienes que adquirir la habilidad de circular con firmes resbaladizos porque nieva mucho durante el invierno. Es algo a lo que hay que acostumbrarse. Ahora ya he vivido en otros países en los que este no es el caso y, sin señalar a nadie, veo con asombro cómo unos solos copitos de nieve sobre el asfalto desencadenan el caos.

Conduje por carretera por primera vez a los 13 años, de nuevo por una zona privada y, bueno, para ser sinceros ya llegaba a los pedales... pero sí que necesité un par de cojines para poder ver por encima del volante. Era invierno y el asfalto estaba cubierto de hielo y nieve. Todo lo que se escuchaba era el ruido del motor y las marchas, con un ligero crujido de las ruedas sobre la nieve como banda sonora.

Entonces eran los principios de los 80 y el coche tenía una caja de cambios manual y ningún control de tracción o asistencia en la dirección. Era toda una lección de conducción pura y dura con una materia prima en bruto: solo yo y mis manos y pies sintiendo constantemente el cambio en el equilibrio entre agarre y derrape, sincronizando con mimo aceleración, freno y dirección, y sin dejar de ir a tope, claro.

Por supuesto, el hielo y la nieve son dos conceptos básicos cuando se aprende a conducir en Finlandia. Desde el primer momento aprendes a sentir el momento en que el coche comienza a derrapar o está a punto de empezar, y qué parte se va a ir primero... o si se irá todo el coche. Tu cuerpo se acostumbra a recibir los mensajes que emite el coche. No hay duda alguna de que eso te ayuda si quieres convertirte en un piloto profesional.

Para ser un piloto profesional hace falta más que talento. El camino hasta la Fórmula 1 es largo y complicado, y se necesita ayuda para llegar hasta el final. Creo que con el paso de los años, los pilotos fineses se han ido ayudando entre ellos, tras la estela de Keke Rosberg. Cuando ganó el mundial de Fórmula 1 en 1982 nos dio a todos una buena dosis de confianza; no solo podíamos llegar a competir, sino que podíamos llegar a ganar.

Tenía 14 años; la edad perfecta para recibir inspiración. Cuatro años después me encontré con Keke por primera vez, cuando pilotaba karts en Italia y poco después ya comenzamos a tener conversaciones sobre mi futuro. En 1988 Keke se convirtió en mi manager y tengo que decir que tuvimos grandes resultados juntos. Para 1991 ya estaba en la Fórmula 1 con Lotus, y probablemente ya conozca el resto.

Algo después pude ayudar un poco a Kimi Raikkonen, otro hijo de Finlandia, pero solo de un modo amigable porque seguía ocupado con mi carrera en McLaren-Mercedes y, además, Kimi contaba con Steve Robertson como manager y su padre, David Robertson. Eso sí, desde la primera vez que vi a Kimi dentro de un kart, ya sabía que iba a ser muy rápido y resultó inevitable conocerlo más a fondo, sobre todo cuando llegó a la Fórmula 1 de la mano de Sauber en 2001 y se convirtió en un asiduo del paddock.

Por aquel entonces ya me rondaba la cabeza la idea de jubilarme y ese mismo año, 2001, maquiné una reunión entre Kimi y el jefe de McLaren-Mercedes, Ron Dennis, en la fiesta del Circo del Sol de Guy de Lalibert, después del GP de Montreal. Después, Kimi voló de vuelta al Reino Unido conmigo en mi jet y pudimos hablar largo y tendido.

Era una relación más de amistad que de negocios, como suelo decir, pero me alegré mucho de ver que el fruto de todo aquello fue que Kimi tomó mi relevo en McLaren-Mercedes cuando me retiré a finales de aquella temporada.

En McLaren-Mercedes, Kimi encajó a la perfección desde el primer momento y solo los problemas técnicos pudieron evitar que ganara el Mundial en 2003 y 2005. En la competición no siempre hay muchas oportunidades pero finalmente la suya llegó en forma de título mundial en 2007, de la mano de Ferrari. Me alegré por él y por Finlandia, y también por la partecita que yo había desempañado.

Ahora mismo trabajo con Valtteri Bottas, otro compañero finés, y estoy igualmente orgulloso de él. Tiene una excelente personalidad y eso, en muchos sentidos, resulta tan importante para ser un piloto como saber rodar rápido. La primera vez que nos vimos lo invité a mi apartamento de Mónaco y tuvimos una interesante conversación sobre sus expectativas de cara a la competición. En algunas cosas me recordaba a mi primer encuentro con Keke, pero los papeles ahora se habían invertido. Valtteri me dijo que quería convertirse en campeón del mundo de Fórmula 1, y yo no tuve duda alguna de su capacidad para lograrlo. Supe que podríamos trabajar juntos perfectamente.

En Fórmula 3, ya pude ver su calidad al volante. Fórmula 3 siempre ha sido y será una categoría complicada. Los coches son muy exigentes en el plano técnico y el resto de pilotos normalmente tienen un nivel muy alto. En el primer test, en Hockenheim, la pista estaba húmeda y cuando vi que Valtteri comenzaba a rodar, me pregunté a mí mismo qué sería capaz de hacer.”

Prácticamente al momento ya iba rodando al máximo. En la curva uno, su monoplaza hizo el abanico completo de la trazada de bordillo a bordillo siguiendo una línea perfecta, sin dejar margen alguno de mejora. Estaba completamente concentrado: abriendo gas con rapidez y cubriendo bien los laterales pero siempre bajo control. Además, fue mejorando a lo largo del test, aprendió de sus pocos errores y rodó siempre muy rápido.

“Lo tiene”, me dije.

Ahora que lo veo a pie de pista disfruto de corazón. Estoy muy contento de lo bien que lo está haciendo. Y no solo eso. Además de ser rápido y estar muy centrado en el coche, también es un buen compañero de equipo y eso se nota en las buenas relaciones que tiene con el resto de miembros. Llegará muy lejos.

Aunque con 47 años ya no tenga el deseo de competir mi pasión por la competición es algo que nunca me abandonará. Conducir me sigue resultando un gran placer pero ya no quiero competir. Es algo que ya he hecho, y algo en lo que he triunfado. No necesito volver a hacerlo. Ahora es tarea del resto.

¿Y mi hijo? Hugo probó los karts y la verdad es que era bueno, pero no era su pasión. Ahora tiene 15 años y lo que sí le apasiona es el fútbol. Tiene el firme propósito de llegar a ser profesional, y yo estaré a su lado para ayudarle. No me importa para nada que no quiera ser piloto, aunque le habría apoyado si eso fuera lo que hubiera querido. Así es como se ayuda a un hijo, ¿verdad? Además, es difícil para un piloto ser el hijo de un bicampeón mundial de Fórmula 1 porque igual facilita que empeora las cosas; solo hay que preguntarle a mi viejo amigo y rival Damon Hill (cuyo padre, Graham Hill, fue dos veces campeón de Fórmula 1).

Así que Hugo prefiere el fútbol y cuenta con todo mi apoyo. Estaré siempre a su lado. Al lado de Hugo y Valtteri. De los dos.

Y eso, creo, es uno de los motivos por los que Finlandia crea tantos buenos pilotos. En parte es habilidad y en parte es sisu, pero sobre todo cuenta de dónde venimos y cómo nos apoyamos e inspiramos entre todos en nuestro camino al éxito.

¿Podría decirse que ese es el secreto de nuestro éxito? Puede ser, pero, como decía antes, no se trata de una receta o seguir una plantilla. No tenemos una fábrica secreta de pilotos oculta en un recóndito páramo en Laponia, ¡como a veces se haya podido rumorear!

En definitiva, para resumir, si este artículo del blog ha parecido inusualmente reflexivo creo que es porque este es el tradicional momento del año en que nos reunimos con nuestras familias para divertirnos y pensar tanto en lo que nos trajo el año que se despide, como en todo lo bueno que puede ser el que tenemos por delante. Aunque esta sea mi última participación en el blog de mclaren.com, tengo que decir que he disfrutado mucho redactando los artículos y espero que tú, lector, también hayas pasado un buen rato con la lectura.

Y ya solo me queda desearte unas felices fiestas llenas de buenos momentos, cualquiera que sea el modo en que decidas celebrarlas. Mis mejores deseos para el año nuevo y todo lo que venga con él.

Y no olvides: hagas lo que hagas... ¡hazlo siempre a tope!